Salir de Pobres es un texto que permite diferentes encuadres y miradas. Por un lado es testimonial, cuando el autor refiere sin concesiones el estado actual de la educación “desde el aula” constatando la “pobreza educativa” que muchas veces se disimula mediante la familiaridad con el fracaso. Pero esa comprobación de “escuelas sin saberes, maestros pobres y escuelas sin alma”, no lo lleva ni a la decepción ni a la subestimación de la cultura argentina. Aún enmarcando la crisis educativa en una más profunda “catástrofe cultural” que abarca a la sociedad en su conjunto, lo más significativo de este libro es que lejos de quedarse en la crítica o en la descripción, formula precisas propuestas para salir de la pobreza cultural y educativa por medio de una reforma sustancial de las instituciones educativas, que retome los precedentes de la propia historia que alumbró alguna vez una Escuela para cien años. Si la cultura de un pueblo es tener códigos comunes, una memoria compartida y una convivencia armónica, la nuestra está seriamente afectada por el hiperindividualismo, el mercantilismo y la hostilidad de las relaciones humanas. Salir de Pobres es también un planteo ético, al afirmar la necesidad de reconocer que nos “hemos hecho soberbios y resentidos, y que de esos defectos culturales deriva nuestro egoísmo y nuestra deshonestidad y falta de laboriosidad”. Expone para demostrarlo temas tan actuales como la destrucción de los lazos familiares y sociales, la droga y los secuestros, u otros de la historia reciente, como la crisis del 2001 y las consecuencias socio-culturales del proceso militar de los setenta. Con trazos históricos y sociológicos, el autor explica que el problema argentino no está en la plata, sino en la cultura, que, insiste, es convivencia, ética social y memoria común de lo que nos pasó. Y propone que una vez aceptada por las clases dirigentes la matriz cultural del subdesarrollo y la pobreza deberá pensarse una nueva educación popular como complemento indispensable de los cambios económicos o políticos. Señala en ese sentido que, históricamente, la educación popular y la industrialización son los únicos aprendizajes que definen y caracterizan a las naciones que logran sobrevivir y que son algo más que un campamento de refugiados.
Finalmente es preciso decir que, aunque el autor no oculta los rastros de su propia formación ideológica, este libro no está escrito en clave partidaria sino en clave de Nación, como todas las grandes obras del pensamiento argentino.
Y a la acción.
Finalmente es preciso decir que, aunque el autor no oculta los rastros de su propia formación ideológica, este libro no está escrito en clave partidaria sino en clave de Nación, como todas las grandes obras del pensamiento argentino.
Y a la acción.
O a excusarse. En la cobardía, del “no se puede”...